lunes, 18 de abril de 2016

Fuego Con Fuego 5



El deportivo recorría velozmente la avenida con rumbo a la autopista a puebla y Vanessa interrogo.- ¿A dónde vamos? ¿Por qué no vamos a la casa?
- Porque pueden haber reportado el carro o podrían estar siguiéndonos.- Respondió el zurdo.
-Oh, y entonces ¿Que vamos a hacer?
.- Vamos a avanzar un poco más y la voy a poner en un taxi de regreso a su casa, mientras yo llevo el carro a otro sitio.
- ¿Conoces al taxista? Yo no me quiero regresar con un desconocido, ya no confío en nadie desde el atraco. Prefiero ir contigo.
- Seria cosa de preguntarle a su padre, porque nos vamos a tardar, vamos un poco lejos.
Como si de una invocación se tratara, el teléfono de Vanessa sonó en ese instante.
.-¿Alo?
-¿Dónde carajos, estas?- Interrogo Wilfredo molesto, unos minutos atrás fue invadido repentinamente por una angustia inexplicable y al ver aparecer a Olivia su mujer, Preguntando por Vanessa, se puso casi histérico.- ¿Por qué, no le dices a nadie a dónde vas?- Sorprendida por el Arranque de furia de su padre, Vanessa solo atinó a decir.- Estoy con el zurdo, papa.
- Pásame de inmediato a ese hijo de la chingada, Pero ya.
Vanessa, ofreció el aparato a Isabel, quien prevenido ya por los gritos que surgían, contesto sin dar tiempo a Wilfrido de hablar.
- Misión cumplida, patrón.
- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué chingados estas diciendo?-
- Que ya está hecho el trabajito, hoy corrimos con suerte. En este momento voy entrando a la autopista, pienso cambiar de carro en el psiquiátrico.
- A ver, a ver, vámonos con calma. ¿Chingaste a los ratas?- Ya la furia se desvanecía en su cerebro, pero aún estaba latente.-
-Hey, la señorita es testigo.
- Bien pensado lo del cambio de auto, hazlo y regresen rápido ¿Quieres que te mande unos muchachos?

- No se preocupe señor. Tengo un Mustang 75 en la casa, si fuera necesario correr, creo que corre más que este último modelo, además me gustaría, llevar la cosa discretamente. Espero llegar en una hora u hora y media por allá.
- Tomate tu tiempo, regrésate por el otro lado, es más tardado pero más seguro.
- Así se hará, patrón.
- Pásame a mi hija.
Vanessa, escucho las órdenes de su padre y cuando este le pidió obedecer en todo a Isabel, Una sonrisa se dibujo es su rostro.
El auto salió de la autopista y se internó en aquellas calles a medio iluminar, Vanessa, sintió de inmediato el cambio, ni en sueños se imaginó visitando esta zona de la ciudad pero saberse con el zurdo, le dio la tranquilidad para relajarse de inmediato. El zurdo estaciono el auto en una calle que ni concreto tenia, bajo y abrió un zaguán negro, para su sorpresa escucho el auto acelerar y haciéndose a un lado, permitió a Vanessa, introducir el auto, le indico una zona libre al fondo del patio y procedió a cerrar nuevamente el zaguán.
Vanessa, abrió la portezuela y sin descender solo bajo ambas piernas del auto y se mantuvo sentada esperando la llegada de Isabel. La falda, apenas cubría la tanga que usaba pero eso era justo lo que ella quería. El trayecto hasta aquí. (Casi cuarenta y cinco minutos.) Le permitió observar detenidamente a Isabel y encontrarle, los rasgos atractivos que nunca antes viera en él. Recordó el cambio en la cara del zurdo cuando descubrió la trampa, esa concentración en su rostro y esa mirada de resolución al tomar la pistola, ese rostro nunca mostro una duda y merecía el premio prometido.
-Apague el motor.- Ordeno, Isabel.- También las luces por favor.- Observo con intensidad, las piernas de Vanessa y esta sintió la mirada, recorrer sus piernas lentamente como manos invisibles, esto duro apenas un instante pero Vanessa, apretó los muslos uno contra otro buscando aliviar un poco la excitación

Isabel, camino hasta el auto estacionado a un lado y lenta y cuidadosamente, retiro la lona que lo cubría por completo. Vanessa, con la mirada brillante, testifico, todos y cada uno de los movimientos del zurdo, era como verlo realizar un ritual, cada movimiento llevaba consigo una gran cantidad de amor y respeto hacia el vehículo. De pronto se sintió como una intrusa, que espiara a una pareja, mientras hacían el amor. Al quedar el auto completamente descubierto, se asombró ante su apariencia, parecía recién sacado de la agencia, la pintura reflejaba la escasa luz y recordó su pensamiento , cuando escucho al zurdo informar con total seguridad, que contaba con un “Mustang del 75” (¿En serio? Del 75. Son de la edad, apenas cuarenta años cada uno, ojala entre los dos se haga uno) Ahora ante la vista del auto, pudo sentir una especie de poder surgiendo de el. De pronto comprendió a aquellas chicas, que parecían celosas de los autos de sus novios, chicas que siempre le habían parecido estúpidas, hoy podía entender esa perspectiva mental. Isabel, coloco la lona, sobre el cofre del deportivo rojo y procedió a revisar el auto minuciosamente, abrió la guantera y retiro todo lo que en ella se encontraba, busco bajo los asientos y en los espejos superiores. Vanessa, comprendió que Isabel, saldría por la portezuela del conductor y se posiciono a manera de provocar algún tipo de contacto cuando lo tuviera cerca. Isabel, mantenía una gran concentración y no parecía interesado en juegos sexuales por el momento.

lunes, 27 de abril de 2015

Fuego con Fuego 4



El Gero, vio venir el espectacular deportivo y supo que tenían que hacerse de el, era un auto de antología, su ambición lo llevo a abandonar su puesto y hacer señas al Brayan, sin disimulo alguno.

El zurdo, observo a un sujeto en la esquina, reaccionar entusiasmado en cuanto vio el auto y dedujo lo que estaba a punto de pasar, lentamente desacelero y con la mano izquierda se hizo de la pistola. Vanessa atenta a los movimientos de Isabel, recalco, más que interrogar.- ¿Son ellos, verdad?
- Eso creo.- Respondió el zurdo, ya completamente enfocado en su misión. Vanessa, levanto la pequeña cámara y con el alma en un hilo, comenzó a filmar.

Bryan, observo de reojo, los aspavientos del Gero y nuevamente sintió esa sensación, que le había estado acompañando a lo largo del día (Tengo miedo, mucho miedo) Hizo a un lado el pensamiento y justo en ese momento vio doblar por la esquina, ese sueño de auto, totalmente rojo, ya no tuvo cabeza para nada mas, camino rápidamente, hasta el centro de la calle y sacando su pistola, ordeno al auto, detenerse con un ademan del brazo, La lentitud con que el auto se acercó, le causó extrañeza pero ver la portezuela abrirse, aun con el auto en marcha, revivió su temor.
El zurdo, sujeto la manija de la portezuela con tan solo el dedo meñique de su mano izquierda, misma que sujetaba la pistola y al dar la vuelta pudo ver cuando el Brayan se despegaba de la pared y casi simultáneamente, escucho a Vanessa, asegurar.- Si, son ellos. Estos son.- Isabel, disminuyo aún más la velocidad y cuando faltaban aun treinta metros quizá, ya el Brayan Estaba mostrándole la pistola y ordenándole detenerse, dejo avanzar el auto lentamente y cuando estuvo a unos cinco metros, acciono la manija y sin soltar el volante, saco medio torso del auto y disparo una sola bala a una distancia de unos dos metros de Bryan. Pudo ver como este se contraía al recibir el impacto y volviendo a su lugar oprimió el acelerador, sin precipitarse, el auto fue adquiriendo velocidad y el zurdo observo complacido por el espejo retrovisor a Bryan derrumbarse lentamente

Bryan sintió el impacto apenas arriba del cinturón, el dolor recorrió todo su cuerpo en ardientes oleadas, cuando escucho el sonido del disparo y a su nariz llego el olor de la pólvora, el ya se encontraba con una rodilla en el piso y se oprimía fuertemente el  abdomen con ambas manos (Me pego un plomazo) Sus ojos que al momento del impacto se cerraran, ahora lucían muy abiertos reflejando la sorpresa del cazador atrapado por su presa. El Gero, apareció frente a él y con la misma cara de sorpresa se mantuvo inmóvil en actitud interrogante.- ¡Me chingo!, ¿Cómo?- Exclamo Bryan, al tiempo que sentía que alguien lo tomaba por los hombros y lo recostaba sobre la guarnición del camellón, cada pequeño movimiento le producía un gran dolor.
El Ardilla entro en su campo de visión y con rapidez lo despojo de su pistola, guardándola en el bolsillo interior de su chamarra, sin perder tiempo le quito el reloj y la esclava de oro, que portaba en las muñecas y procedió a buscar en los bolsillos, aun en el estado en el que Bryan se encontraba, se indignó ante la actitud del ardilla.- ¿Qué te pasa? Pendejo. –
- Cállate, wey.  Orita llega la patrulla y le vas a decir que venias caminando, cuando unos cabrones te asaltaron y como te pusiste al pedo te dispararon o ¿Qué? ¿ Les vas a decir “ Aquí atraco, pero fíjate que un wey me clareo y me puso en la madre” No mames.
El Ardilla tenía razón, su argumento era lógico pero esa pinche mirada llena de codicia no concordaba  con sus palabras y Bryan, no quedo convencido del todo.
- Orita te mando una ambulancia, wey. -  Prometió el Ardilla, mientras le tendía por completo y le subía las piernas al camellón.- No te vayan a planchar las patas, nomás eso nos faltaba.
-  Acto seguido se puso en pie y guardando apresuradamente la cartera y el celular del Brayan, arranco a correr, seguido por el Gero.
Mientras recorrían  las calles que los separaban de su cuadra, El Gero le recordó al ardilla la conveniencia de llamar una ambulancia.
- Ya se la pidieron. No mames. Cualquiera de los vecinos llamo de perdis una patrulla. Lo que nosotros tenemos que hacer es no estorbar y abrirnos unos días en lo que se enfría el pedo. No vaya siendo que nos acusan los vecinos y acabamos los tres en el tambo.
- Órale.- Accedió el Gero.- Pero no dejes de reportarte, hay que ver que se le ofrece al Brayan, wey.
- Oh, ¿Somos o no somos?- Dijo el Ardilla y guiñando un ojo se despidió.

Continuara...

lunes, 20 de abril de 2015

Fuego Con Fuego 3



Venganza 1
Al día siguiente, a las dos de la tarde El zurdo, salía manejando el auto por el portón de entrada, no vestía de traje, como les exigía el Señor. Vestía Sport y trataba de explicarse la presencia de Vanessa en el asiento de copiloto. De reojo la observo, parecía absorta observando la carísima cámara de video que sostenía entre sus manos. El zurdo se recordó, que no sería mala idea que el hiciera lo mismo con los mandos del auto.
A las nueve de la noche, el deportivo estaba ingresando a la residencia. Ambos descendieron y mientras El zurdo se dirigía a reportarse con el Señor, Vanessa iba a su habitación.
- No hubo suerte, el día de hoy. Era de esperarse, esos tipos no roban dos días seguidos en el mismo lugar, cosa de tener paciencia y un poco de suerte. Usted tenga paciencia.- Respondió el zurdo a la pregunta de Wilfredo.
-Y la niña ¿Cómo se porto?
- Pues se desespera rápido, hace preguntas y yo no contesto, se aburre y maldice mucho. Yo creo que mañana ya no va. –Wilfredo sonrió en señal de acuerdo, le permitió ir para qué se le pasara el capricho, ahora podía descansar tranquilo, el zurdo se haría cargo y él le creería aun sin pruebas. El zurdo era de palabra.
Vanessa conoció al zurdo el mismo día que llego al país, al verlo junto a su padre le causo muy mala impresión, enfundado en un traje negro de mal corte, parecía más disfrazado que vestido y esa mirada llena de lujuria con que recorrió su cuerpo antes de enterarse que era la hija de Wilfredo, termino de confrontarla a él. No fue aquella la única ocasión en que lo sorprendió mirándola lujuriosamente y ella respondía humillándolo siempre que podía, sin embargo, si alguien podía cobrarle la cuenta a los ladrones, era él y ella quería estar presente cuando eso sucediera, además la tarde vivida con él no fue tan mal, el tipo era callado, en ningún momento trato de simpatizar y cuando ella pregunto, el contesto con amabilidad, podría decirse “Profesionalmente” el cambio de ropa le favoreció y Vanessa pensaba , que incluso se veía menos feo. Se tumbó en la cama sobre las cobijas y en instantes se quedó dormida.
El jueves, como de costumbre, el zurdo se reportó al cuarto para las siete de la mañana,  mientras bebía un vaso de agua en la cocina, fue informado de que el Señor ordenaba que desayunara, así que le sirvieron abundantemente, mientras masticaba concienzudamente su bocado, pensaba que seguramente  tendría una salida a otro estado. No le preocupo, veía pocas probabilidades de encontrarse hoy con los raterillos, ya reiniciaría la cacería mañana.
Bryan, despertó con la sensación de urgencia, que sientes por algún asunto pendiente, no supo interpretar el sentimiento y decidió llamar a sus secuaces, para planear el día.
- ¡No chingues, wey! Acabamos de pegarle antier. No tienes llenadero.- Reclamo, el Gero al escuchar a Bryan.-
- Como quieras, wey. No eres el único que puede apoyar, ya me buscare otro- Amenazo, Bryan.
- ¡Oh, chinga! ¿A qué hora nos vemos?- Cedió, el Gero.
- A las siete de la noche, me da la espina que hoy es un día especial.- Sentencio Bryan y Gero sintió un escalofrió en la espalda.- Ahí le avisas al Ardilla, yo no me siento como para estar oyendo sus pendejadas, ya con las tuyas tuve.- Ordeno Bryan y colgó.

Casi daban las seis de la tarde, cuando Isabel volvió del viaje, le esperaba la orden de pasar a comer y se dirigió a la cocina, mientras comía se preguntó qué haría con su tarde, la respuesta llego de la boca de  Vanessa.- ¿A qué hora salimos?.- El Zurdo, no esperaba esa insistencia y sorprendido, respondió. - Cuando el señor lo indique.
- Mi padre ya dio las órdenes ayer, no le vamos a estar preguntando a diario. Te cambias el trajecito de vendedor de seguros y nos vamos.- Ordeno y dando vuelta salió de la cocina, seguida por las miradas molestas de las empleadas. - .Le preparo un sándwich para el camino?- Pregunto Lucha, la cocinera a Isabel.
- Si me hace favor, se lo agradeceré.- el zurdo se dirigió a cambiarse y mientras elegía la ropa, tropezó con un revolver 22 en el cajón de las playeras, mientras lo observaba, una idea cruzo por su mente. (Venganza quieren, venganza tendrán).
A las seis cuarenta y cinco, estaciono el deportivo frente a la entrada principal de la residencia y le dedico algunos minutos a poner la pistola al punto, una vez satisfecho, la coloco sobre el tablero, para tenerla a la mano, si algo no salía cono esperaba, siempre contaba con su infaltable .38.Escucho la puerta principal abrirse y se quedó un instante sin aliento al ver salir a Vanessa con la minifalda más corta que nunca le hubiera visto. Bajo precipitadamente del auto y solícitamente, abrió la portezuela del copiloto. Vanessa al pasar, le dijo.- Vaya, ya vas aprendiendo. Voy a hacer de ti, un caballero.- Isabel, espero a que tomara asiento y como premio a su actuación, recibió una postal de una zona más allá de los muslos de Vanessa.

-¿Tienes calor?- Interrogo Vanessa sugestiva, observando el sonrojo de Isabel, este negó con la cabeza y continuo con la vista al frente. La manera en que la chica se acomodó en el asiento, lo tenía en jaque. Hiciera lo que hiciera, le resultaba imposible ignorar la vista de ese hermoso par de muslos, coronada por el pequeño triangulo de tela rosa de las pantaletas, que asomaba bajo las faldita. Vanessa, consiente del efecto provocado, separo las rodillas aún más.

- ¿Sabes, si mi papa te dará un premio por el trabajo?- Interrogo Vanessa.
- Ya me paga un sueldo, no necesita premiarme, va todo incluido.
- Pues, si todo sale bien, yo si te voy a dar un premio.- El zurdo, volteo intrigado y Vanessa resbalo su cuerpo por el asiento, hasta rozar con su rodilla , la mano de Isabel y separando Aun mas las piernas, le dejo ver  la entrepierna, ya sin ningún pudor.
- Cuidado mujer, yo no estoy en este trabajo por dejar deudas pendientes, de hecho, soy el mejor cobrando. Hágame un favor- Cambio de tema abruptamente.- Prepare su cámara, quien quita y hoy si tenemos suerte.-Tomo la lateral y se preparó para internarse en la colonia.
Continuara…

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