jueves, 1 de diciembre de 2016

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lunes, 18 de abril de 2016

Fuego Con Fuego 5



El deportivo recorría velozmente la avenida con rumbo a la autopista a puebla y Vanessa interrogo.- ¿A dónde vamos? ¿Por qué no vamos a la casa?
- Porque pueden haber reportado el carro o podrían estar siguiéndonos.- Respondió el zurdo.
-Oh, y entonces ¿Que vamos a hacer?
.- Vamos a avanzar un poco más y la voy a poner en un taxi de regreso a su casa, mientras yo llevo el carro a otro sitio.
- ¿Conoces al taxista? Yo no me quiero regresar con un desconocido, ya no confío en nadie desde el atraco. Prefiero ir contigo.
- Seria cosa de preguntarle a su padre, porque nos vamos a tardar, vamos un poco lejos.
Como si de una invocación se tratara, el teléfono de Vanessa sonó en ese instante.
.-¿Alo?
-¿Dónde carajos, estas?- Interrogo Wilfredo molesto, unos minutos atrás fue invadido repentinamente por una angustia inexplicable y al ver aparecer a Olivia su mujer, Preguntando por Vanessa, se puso casi histérico.- ¿Por qué, no le dices a nadie a dónde vas?- Sorprendida por el Arranque de furia de su padre, Vanessa solo atinó a decir.- Estoy con el zurdo, papa.
- Pásame de inmediato a ese hijo de la chingada, Pero ya.
Vanessa, ofreció el aparato a Isabel, quien prevenido ya por los gritos que surgían, contesto sin dar tiempo a Wilfrido de hablar.
- Misión cumplida, patrón.
- ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué chingados estas diciendo?-
- Que ya está hecho el trabajito, hoy corrimos con suerte. En este momento voy entrando a la autopista, pienso cambiar de carro en el psiquiátrico.
- A ver, a ver, vámonos con calma. ¿Chingaste a los ratas?- Ya la furia se desvanecía en su cerebro, pero aún estaba latente.-
-Hey, la señorita es testigo.
- Bien pensado lo del cambio de auto, hazlo y regresen rápido ¿Quieres que te mande unos muchachos?

- No se preocupe señor. Tengo un Mustang 75 en la casa, si fuera necesario correr, creo que corre más que este último modelo, además me gustaría, llevar la cosa discretamente. Espero llegar en una hora u hora y media por allá.
- Tomate tu tiempo, regrésate por el otro lado, es más tardado pero más seguro.
- Así se hará, patrón.
- Pásame a mi hija.
Vanessa, escucho las órdenes de su padre y cuando este le pidió obedecer en todo a Isabel, Una sonrisa se dibujo es su rostro.
El auto salió de la autopista y se internó en aquellas calles a medio iluminar, Vanessa, sintió de inmediato el cambio, ni en sueños se imaginó visitando esta zona de la ciudad pero saberse con el zurdo, le dio la tranquilidad para relajarse de inmediato. El zurdo estaciono el auto en una calle que ni concreto tenia, bajo y abrió un zaguán negro, para su sorpresa escucho el auto acelerar y haciéndose a un lado, permitió a Vanessa, introducir el auto, le indico una zona libre al fondo del patio y procedió a cerrar nuevamente el zaguán.
Vanessa, abrió la portezuela y sin descender solo bajo ambas piernas del auto y se mantuvo sentada esperando la llegada de Isabel. La falda, apenas cubría la tanga que usaba pero eso era justo lo que ella quería. El trayecto hasta aquí. (Casi cuarenta y cinco minutos.) Le permitió observar detenidamente a Isabel y encontrarle, los rasgos atractivos que nunca antes viera en él. Recordó el cambio en la cara del zurdo cuando descubrió la trampa, esa concentración en su rostro y esa mirada de resolución al tomar la pistola, ese rostro nunca mostro una duda y merecía el premio prometido.
-Apague el motor.- Ordeno, Isabel.- También las luces por favor.- Observo con intensidad, las piernas de Vanessa y esta sintió la mirada, recorrer sus piernas lentamente como manos invisibles, esto duro apenas un instante pero Vanessa, apretó los muslos uno contra otro buscando aliviar un poco la excitación

Isabel, camino hasta el auto estacionado a un lado y lenta y cuidadosamente, retiro la lona que lo cubría por completo. Vanessa, con la mirada brillante, testifico, todos y cada uno de los movimientos del zurdo, era como verlo realizar un ritual, cada movimiento llevaba consigo una gran cantidad de amor y respeto hacia el vehículo. De pronto se sintió como una intrusa, que espiara a una pareja, mientras hacían el amor. Al quedar el auto completamente descubierto, se asombró ante su apariencia, parecía recién sacado de la agencia, la pintura reflejaba la escasa luz y recordó su pensamiento , cuando escucho al zurdo informar con total seguridad, que contaba con un “Mustang del 75” (¿En serio? Del 75. Son de la edad, apenas cuarenta años cada uno, ojala entre los dos se haga uno) Ahora ante la vista del auto, pudo sentir una especie de poder surgiendo de el. De pronto comprendió a aquellas chicas, que parecían celosas de los autos de sus novios, chicas que siempre le habían parecido estúpidas, hoy podía entender esa perspectiva mental. Isabel, coloco la lona, sobre el cofre del deportivo rojo y procedió a revisar el auto minuciosamente, abrió la guantera y retiro todo lo que en ella se encontraba, busco bajo los asientos y en los espejos superiores. Vanessa, comprendió que Isabel, saldría por la portezuela del conductor y se posiciono a manera de provocar algún tipo de contacto cuando lo tuviera cerca. Isabel, mantenía una gran concentración y no parecía interesado en juegos sexuales por el momento.

lunes, 27 de abril de 2015

Fuego con Fuego 4



El Gero, vio venir el espectacular deportivo y supo que tenían que hacerse de el, era un auto de antología, su ambición lo llevo a abandonar su puesto y hacer señas al Brayan, sin disimulo alguno.

El zurdo, observo a un sujeto en la esquina, reaccionar entusiasmado en cuanto vio el auto y dedujo lo que estaba a punto de pasar, lentamente desacelero y con la mano izquierda se hizo de la pistola. Vanessa atenta a los movimientos de Isabel, recalco, más que interrogar.- ¿Son ellos, verdad?
- Eso creo.- Respondió el zurdo, ya completamente enfocado en su misión. Vanessa, levanto la pequeña cámara y con el alma en un hilo, comenzó a filmar.

Bryan, observo de reojo, los aspavientos del Gero y nuevamente sintió esa sensación, que le había estado acompañando a lo largo del día (Tengo miedo, mucho miedo) Hizo a un lado el pensamiento y justo en ese momento vio doblar por la esquina, ese sueño de auto, totalmente rojo, ya no tuvo cabeza para nada mas, camino rápidamente, hasta el centro de la calle y sacando su pistola, ordeno al auto, detenerse con un ademan del brazo, La lentitud con que el auto se acercó, le causó extrañeza pero ver la portezuela abrirse, aun con el auto en marcha, revivió su temor.
El zurdo, sujeto la manija de la portezuela con tan solo el dedo meñique de su mano izquierda, misma que sujetaba la pistola y al dar la vuelta pudo ver cuando el Brayan se despegaba de la pared y casi simultáneamente, escucho a Vanessa, asegurar.- Si, son ellos. Estos son.- Isabel, disminuyo aún más la velocidad y cuando faltaban aun treinta metros quizá, ya el Brayan Estaba mostrándole la pistola y ordenándole detenerse, dejo avanzar el auto lentamente y cuando estuvo a unos cinco metros, acciono la manija y sin soltar el volante, saco medio torso del auto y disparo una sola bala a una distancia de unos dos metros de Bryan. Pudo ver como este se contraía al recibir el impacto y volviendo a su lugar oprimió el acelerador, sin precipitarse, el auto fue adquiriendo velocidad y el zurdo observo complacido por el espejo retrovisor a Bryan derrumbarse lentamente

Bryan sintió el impacto apenas arriba del cinturón, el dolor recorrió todo su cuerpo en ardientes oleadas, cuando escucho el sonido del disparo y a su nariz llego el olor de la pólvora, el ya se encontraba con una rodilla en el piso y se oprimía fuertemente el  abdomen con ambas manos (Me pego un plomazo) Sus ojos que al momento del impacto se cerraran, ahora lucían muy abiertos reflejando la sorpresa del cazador atrapado por su presa. El Gero, apareció frente a él y con la misma cara de sorpresa se mantuvo inmóvil en actitud interrogante.- ¡Me chingo!, ¿Cómo?- Exclamo Bryan, al tiempo que sentía que alguien lo tomaba por los hombros y lo recostaba sobre la guarnición del camellón, cada pequeño movimiento le producía un gran dolor.
El Ardilla entro en su campo de visión y con rapidez lo despojo de su pistola, guardándola en el bolsillo interior de su chamarra, sin perder tiempo le quito el reloj y la esclava de oro, que portaba en las muñecas y procedió a buscar en los bolsillos, aun en el estado en el que Bryan se encontraba, se indignó ante la actitud del ardilla.- ¿Qué te pasa? Pendejo. –
- Cállate, wey.  Orita llega la patrulla y le vas a decir que venias caminando, cuando unos cabrones te asaltaron y como te pusiste al pedo te dispararon o ¿Qué? ¿ Les vas a decir “ Aquí atraco, pero fíjate que un wey me clareo y me puso en la madre” No mames.
El Ardilla tenía razón, su argumento era lógico pero esa pinche mirada llena de codicia no concordaba  con sus palabras y Bryan, no quedo convencido del todo.
- Orita te mando una ambulancia, wey. -  Prometió el Ardilla, mientras le tendía por completo y le subía las piernas al camellón.- No te vayan a planchar las patas, nomás eso nos faltaba.
-  Acto seguido se puso en pie y guardando apresuradamente la cartera y el celular del Brayan, arranco a correr, seguido por el Gero.
Mientras recorrían  las calles que los separaban de su cuadra, El Gero le recordó al ardilla la conveniencia de llamar una ambulancia.
- Ya se la pidieron. No mames. Cualquiera de los vecinos llamo de perdis una patrulla. Lo que nosotros tenemos que hacer es no estorbar y abrirnos unos días en lo que se enfría el pedo. No vaya siendo que nos acusan los vecinos y acabamos los tres en el tambo.
- Órale.- Accedió el Gero.- Pero no dejes de reportarte, hay que ver que se le ofrece al Brayan, wey.
- Oh, ¿Somos o no somos?- Dijo el Ardilla y guiñando un ojo se despidió.

Continuara...

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